RELATO CORTO NO ERES TU, SOY YO
NO ERES TU, SOY YO
Blanca llegó puntual, una puntualidad que resonaba como una ironía en el gélido invierno que abrazaba el Parque de María Luisa. Seis años atrás, la primavera había florecido en ese mismo lugar, testigo mudo del inicio de su historia con Alex. Ahora, la escarcha cubría los árboles como un sudario, y Alex, ausente, se convertía en una helada premonición. El tiempo, implacable, había esculpido arrugas en su alma, mientras la espera se extendía, fría y cortante como el viento.

Un niño, un ángel inocente en medio de la desolación, se acercó. «¿Eres Blanca?», preguntó, su voz infantil rompiendo el silencio. En sus manos, un sobre rosa, la caligrafía de Alex –nerviosa, afilada como una daga–, anunciaba el final. Las palabras, leídas a medias, se deshacían en sus manos como cenizas: «Tombuctú… no es por ti, es por mí… eres maravillosa…».
La mentira, tan frágil como el papel, se desintegraba bajo sus dedos. El engaño, desnudo en su crueldad, la impulsaba a alejarse, a huir de la sombra de un adiós cobarde.
Un piropo, una caricia superficial en el aire gélido, fue recibido con la fuerza de un rayo. El tortazo, resonante, fue un grito silencioso de liberación, un rechazo a la banalidad que pretendía reemplazar el vacío dejado por Alex. La violencia contenida, la rabia reprimida, se liberaron en un gesto contundente. Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, Alex saboreaba un Martini, la frivolidad de su escape reflejada en el brillo de la copa. Cleo, una joven de veinte años, con piel de manzana y aroma a naranja, había sido la causa de la excusa perfecta, el escudo tras el cual se ocultaba su cobardía. «No eres tú, soy yo», la letanía de la evasión, la justificación barata de un corazón vacío. Pero el destino, irónico y cruel, tenía preparada su propia justicia. El rugido del motor, la turbulencia, el descenso fatal… El Martini, símbolo de su superficialidad, rodaba por el pasillo, mientras el avión se convertía en su tumba. Tombuctú, un sueño inalcanzable, se desvanecía en el abismo. La ironía final: Alex, huyendo de Blanca, nunca llegaría a su destino. Su cobardía, su huida, lo habían alcanzado.
No eres tu, soy yo – Serie Relatos Cortos – Copyright ©Montserrat Valls y ©Juan Genovés